viernes, 8 de agosto de 2008

Boris Espezúa *



Detrás del día

correrá el polvo del olvido de estos tiempos sin orfebres

no habrá alcancías ni historias ígneas para contarlas con

soles en los ojos

sólo los cernícaos elevarán el plexo gris por la

humaredas

Boris Espezúa



Escribe: Walter L. Bedregal Paz



Boris Espezúa Salmón

(Puno – Juli - 1960)



Ha sido finalista de la Bienal COPÉ de Poesía. En el año 2006 incursionó en la política. Abogado de profesión, Licenciado en Educación en la especialidad de Filosofía; incursiona en el mundo literario, como un autodidacta, publicando: Sentimiento en camino, (Puno – 1978). Boris a venido a colmar el anhelo de los corazones sedientos de poesía noble, bronca, kolla y pura, de algo que fuese parte a confrontar los ánimos desfallecientes y abatidos de sus huérfanos artistas. En medio del silencio – de varios años – ha resonado en varios puntos de nuestro altiplano, la grata armonía de su propia música peregrina; luego de publicar A través del ojo de un hueso (1988); Tránsito de Amautas y otros poemas (1990); Alba del Pez herido (2000)y Tiempo de cernícalo (2002). Obtuvo el Primer Premio Premio en el II Concurso Regional de Poesía Cesar Vallejo 1993, organizado por ADLA “ELEGÍA” – Juliaca.


Fue finalista en el Concurso de Poesía COPÉ en los años 1995 y 1996. Espezúa ha demostrado cierto paternalismo por los poetas jóvenes. Reconocer en Boris, su producción poética es aceptar el alcance de una verdadera poesía, con los rigores que exigen las bellas artes.


Sus poemas han sido traducidos al inglés por Jhon Oliver Simón y al francés por Monserrat Fito.


Al referirse a la poesía puneña de Fin de Siglo, decía: (Espezúa Salmón B.) “…abordar el presente tema supone primero hablar de la existencia de una poesía puneña. Es decir si hay poetas que han hablado de Puno y para Puno, tomando como marco , que nuestro departamento es un espacio histórico, panteísta, anudado de brotes culturales de gran pedestal y de momentos acallados y adormecidos, conocido por su folklore y empañamiento telúrico, por su clima adverso y su estirpe kolla”. ( Diario “Los Andes”, 1997, junio 09).


Entonces, para Boris Espezúa, la poesía tiene la obligación ética de constituirse en formadora de espíritus valientes, en la poesía radican los valores humanistas clásicos y las posibilidades de la modernidad, esto lo convierte en su mejor expresión; en ella encontramos lo mejor de la expresión nuestra, que es la base de lo bueno, lo bueno y hermoso, expresado claramente en los versos de Alba del pez herido:


Es la herida cósmica del Pez de Oro,

desbrozo de fuego y totoras perpetuas,

que por un grito de tambor de piel de puma,

cantará besando las albas en piedras eternas,

y conjurar con el tiempo una nueva luz,

para extinguir todas las sombras.


CAZADOR DE GRILLOS


A Beto, Liliana, Walter, Simón,

Hugo y Fernando (In Memorian).

Por el taller de poesía.

No es la vida la que hace a los hombres sino

sus trampas,

cada uña rota no es del cuerpo vivido, sino del

cielo arañado que se quiso vivir.

La lluvia de abril no ha mojado el camino,

sino el tiempo que lo ha embarrado de recuerdos

y lamentos.

El hombre tiene ojos henchidos de pocos

afectos que se eternizan en los ponientes

ve, el dolor nocturno de amores intermitentes,

los mudos vientos al contorno de labio,

la cabeza girando demente en las sombras,

la frente manchada de ignotos besos,

los deseos ardorosos, móviles de pecados y delitos,

pensamientos extendidos en la entraña de una canción

horrísona, el descalzo de una mirada fatigada de atravesar

los muros, la boca del abismo acercándose a los huesos del

pavor, unas llaves oxidadas para abrir el vacío del aposento

al fondo una delicada luna que traza de azul profundo el

paisaje.

Al cese del miedo el hombre lanza un gemido y desdibuja

su palidez.

No es la furia de los truenos los que lo persiguen

sino su conciencia turbada de ceniza.

¿En qué esquina sin refugio anduvo escapándose para

aprisionarse?

¿En qué barro hundió los zapatos del optimismo y la

noche desató su aguacero?

No es la canción quién toca su hueso, es la rosa que

con su resplandor lo ha sacudido.

no es el muñeco de madera quien está herido,

es el crepúsculo quien rompió sus sueños.

La espiga sin grano besa la tierra y el lloro del río,

con el ave lejana fragua los olvidos en el zócalo del

invierno, en el lomo de los años.

¿En qué destierro cruzaste los vientos y atormentaste

tu alegría que nunca tuviste?

¿En que abrazo dejaste tu vida para recibir esta

residencia ajada de poemas y ausencias rotas?

El hombre está listo,

para despedirse del mundo y enlutar los girasoles.



Tulio Mora, decía a propósito del libro: Alba del pez herido: “… es un poeta integral porque expresa las relaciones ocultas y evidentes de las provincias del Sur del país, entre paisajes humanos y naturales. Hay en él una necesidad de ubicuidad, una lucha por vencer el complejo de fragmentación que sufre el país, y que asumimos inevitablemente desde el momento que nos resulta incompatible un mundo dividido. Es una mirada de adentro hacia fuera la recorre el presente, un impulso que viene de abajo, de los subterráneos y que atravesándonos longitudinalmente busca nuestra capacidad de entender el espectáculo dramático de nuestra colectividad peruana. Espezúa representa en sus personajes un símbolo que condensa la simbiosis cultural del país”. (Contratapa de: “Alba del Pez Herido”).


En el Último Encuentro de Escritores puneños Al final del fin, se le otorga el Premio CARLOS OQUENDO DE AMAT (a las letras puneñas) en el Género de Poesía, (Mendoza F., 2000, Enero 8): “Las razones por las que mereciera este galardón Boris Espezúa, se explica porque aparece en una época especial, con un lenguaje más diáfano y articulado con la poesía contemporánea. Su trabajo trascendió a escenarios más exigentes donde en virtual cotejo sólo quedan en el colador los que han asumido por oficio la artesanía de la palabra. “Alba del Pez herido”, se manifiesta como uno de los libros más orgánicos de la última bienal del milenio, consideración que se ha optado en las bases para la premiación con el Primer Premio… Reúne poemas que conservan la esencia de la temática inicial planteado en trabajos editados por el autor”. (“Boris Espezúa y el Premio Oquendo”, Diario Los “Andes”, Puno).



PEZÓN DE TIERRA **


No se es de donde se ha nacido, sino de donde

vino; pues no siempre nace uno donde debiera.

Gamaliel Churata

Entre hésperos y el pañal del alba

nací al radiar el cronopio rojo de junio

un año de 1897,

después de 10 días del desbrozo fui bautizado

como: Arturo

y desde allí mi sobrenombre no se colgó

del olvido.

No sé desde cuando estuvo detenido la escarcha

de mi voz, entre muchos silencios que guardamos o en el austero

lenguaje del ande,

lloré en la simiente de infinitos brazos y senos de barro,

que me recibieron en este universo ajeno y nuestro.

no sé que manos se sacaron de la matriz donde sepulté mi sed,

ni del viento que rompió mi cara, si sé que toda mi vida quise volver

a la entraña de mi vejez fetal.

Cruzaron en mi infancia el sollozo de ovejas y totoras

que me llevaron a otros patios del pensamiento,

donde esparcí mi sombra, y mi cerebro sobre el fuego,

mitades de luz donde se trizan en un filtro los odios y las

intransparencias.

En el fondo del Titicaca donde el pez lunar anuncia

un rayo iluminando la dimensión fatal del equinoccio,

sin plegarias, y con membrunas palabras para desdoblar los

caminos, invocamos la fe, para redimir con los Dioses el vuelo de

las cenizas en altivas humaredas.

Taciturno y fiero la palabra aporía rompió las alas

del moscardón, crecí entre cantos y miradas fruncidas

harto del desprecio y los años malgastados,

empecé a juntar las manos desde mi nativa morada,

y el mestizaje impuro deshabitó en mí, para arroparme

desde el suelo con las desoladas noches que guardan retazos negros.

Nací para rodar en el martirio de mi raza, y no embriagarme

con la tristeza.

crecí en la Escuela 881, y con mi maestro Encinas supe que

el pan solo es compartido del lado más seco del desdén,

supe que habíamos nacido con el tifus húmedo de las piedras de los otros

que mezclaron en la piedra madre su sangre con la tierra salada,

las salpicaduras de sus deshechos.


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(**) (2005, Diciembre). Sieteculebras. Revista Andina de Cultura. Cusco. – Nº 20. Del poemario inédito: Gamaliel.